La visa americana más costosa: sin embajada en Caracas y espera interminable en Europa

La funcionaria del consulado estadounidense en Múnich exclamó: «¡Approved!». Pero ese veredicto fue el inicio de una pesadilla burocrática que pondría a prueba la paciencia, los ahorros y la frágil esperanza de Andrés Uzcátegui, un venezolano atrapado en el limbo migratorio. «Cuando salí de allí creí que lo más difícil había terminado. No sabía que la espera por el pasaporte estampado sería una carrera contra el tiempo y la burocracia», confiesa.

Reservar una cita que parecía imposible  

Tras el cierre de la embajada de EE.UU. en Venezuela en 2019, como consecuencia de la ruptura diplomática entre Caracas y Washington, los venezolanos tuvieron que buscar alternativas en países vecinos para tramitar la visa estadounidense. Andrés comentaba que en Colombia los tiempos de espera para obtener una cita podían extenderse hasta dos años, mientras que en España el plazo superaba los 30 meses. Para su familia, pisar suelo norteamericano era una tradición anual: “Cada diciembre viajamos a Estados Unidos para visitar a amigos y familiares”.

Alemania, en cambio, surgió como una opción casi desesperada, una verdadera lotería. Andrés relató que él y su hermano pagaron 185 dólares cada uno sin tener la certeza de que habría cupo. “Cuando Berlín mostró ‘sin disponibilidad’, Múnich se convirtió en nuestro último salvavidas”.

El viaje comenzó con escalas en Madrid hasta llegar a la ciudad bávara. «El contraste era brutal: un taxi del aeropuerto al hotel salía en más de €100», recuerda. Al día siguiente, 8:15 AM, la fila frente al consulado tenía a dos guardias intimidantes y había un ambiente de ansiedad entre los solicitantes. «Lo que más me sorprendió de la cita fue que de cada diez personas, siete eran venezolanas. Nuestros acentos delataban una diáspora forzada por la crisis».

La trampa de la aprobación de la visa 

Consulado de EE.UU en Múnich

La entrevista fue engañosamente sencilla:  

– «¿Ocupación?»  

– «¿Motivo del viaje?»  

– «¿Residen en Alemania?»  

Tres respuestas precisas (“economista”, «turismo familiar», «no») bastaron para el veredicto. «¡Aprobados!», anunció la oficial. Pero al consultar el plazo para recibir los pasaportes, la ambigüedad apareció: «Recibirán un correo en menos de una semana».

La euforia llevó a Andrés y a su hermano a París para conocer Francia («usamos pasaportes vencidos como ID»), pero al séptimo día el hermano de Andrés era el único que había recibido el ansiado email. En la oficina postal de Múnich, el empleado solo tenía un sobre: «Lo siento, señor Uzcátegui. Su documento no está aquí». Andrés palideció: «Entendí que los trámites no eran familiares, sino individuales. Mi visa estaba en el limbo».

La soledad de Múnich 

“Era un viaje familiar, mi hermano fue con mis papás a conocer Barcelona, mientras yo resolvía mi situación en Alemania”. Para Andrés, quedarse en Múnich significaba gastar €100 diarios en una de las ciudades más caras de Europa. “Llamaba cada mañana a la oficina postal, pero siempre me contestaban ‘Nein’”, recuerda. En el cuarto día de incertidumbre, volvió al consulado. “Una asistente me confesó lo impensable: ‘Su visa ni siquiera ha sido impresa’”. Un funcionario le explicó que podía recuperar su pasaporte y que el consulado le notificaría cuándo entregarlo para estampar la visa. Andrés enfrentaba un dilema: esperar sin pasaporte sin saber qué ocurriría o pedirlo de vuelta porque el gasto era insostenible.

Dentro del edificio, tomó su decisión. Un oficial le devolvió el pasaporte vacío: “Es un proceso adicional… arbitrario. No hay plazos”. Sin teléfono para consultar a su familia —los confiscan al entrar—, Andrés decidió: “Tomé mi pasaporte y me fui de Alemania. No podía financiar una espera infinita, llegué a España con mi familia para esperar el día de regreso hacia Caracas. 

Andrés paseando en bicicleta por la ciudad de Múnich

El juego de las fronteras  

Aunque le habían recomendado quedarse en Europa porque la embajada podría llamarlo para continuar el trámite, Andrés ya se encontraba en Venezuela. Se había rendido ante la larga espera y los altos costos del proceso. Aunque poco común, el estampado de visas podía tardar; de hecho, un conocido en São Paulo había esperado dos meses para recibir la suya.

Desde Venezuela, Andrés comenzó a investigar en foros migratorios y descubrió que DHL podía hacer el envío de su pasaporte hacia Múnich, aunque este último negaba recibir correos internacionales. Pero, decidió arriesgarse: por 80 dólares y con el riesgo de perder el pasaporte si lo rechazaban, firmó el envío. Cinco días después, el rastreo confirmó la entrega en el consulado de Múnich.

La agonía digital 

Treinta días revisando la página del Departamento de Estado: «APROBADA», nunca «EMITIDA». «Cada mañana tecleaba mi número de caso con esperanza y miedo», confiesa. Hasta que el correo llegó: «Su documento está listo para retiro». Nuevo problema: ¿Cómo recuperarlo desde Caracas?

Tras fallar con contactos en Alemania, apareció un ángel inesperado: «La amiga de una prima que vivía en Stuttgart aceptó recibirlo». Hubo alegría, pero surgió otro inconveniente: «Al enviarlo a Venezuela, DHL advirtió: ‘El servicio regular termina en Ipostel (empresa inoperativa)'». La solución fue un servicio premium: «Pagamos 180 dólares, pero garantizaban entrega puerta a puerta».

La visa finalmente estampada en el pasaporte

Cuando el repartidor de DHL tocó su puerta en Caracas, Andrés contuvo la respiración. Al abrir el paquete acolchado, el pasaporte venezolano mostraba la visa estadounidense de 10 años. «La toqué para asegurarme que era real. Tras dos meses de pesadilla, tenía mi salvoconducto».

Momento de la entrega del pasaporte de Andrés

Hoy, Andrés reflexiona: «Gasté dos mil dólares extra en estadía, comida, transporte, cambios de vuelos y envíos. Pero en la Venezuela actual, donde el 90% de solicitudes de visa son rechazadas, este sello vale más que su peso en oro». Su historia encapsula la paradoja migratoria venezolana: «Fuimos a Alemania por una visa americana porque nuestra embajada en Caracas lleva cinco años cerrada. Esta es la realidad absurda que vivimos».

Sabor a recuerdos, olor a masa fresca: nostalgia y abedules en una pizzería sueca

El murmullo del sueco es un zumbido constante en la cocina de Andra Sidan, la pizzería de barrio en Umeå, la «ciudad de los abedules«. Christian, mientras estira la masa con pericia, piensa en su esposa, pero su mente viaja al fantasma de la soledad que los persiguió a ambos desde Madrid. Aquel silencio denso del piso en Vicálvaro —donde compartían habitación con extraños— casi los quiebra. Hoy, entre los abedules plateados que simbolizan la resiliencia de esta urbe ártica tras el incendio de 1888, tejen una nueva vida.


La pareja disfrutando el día libre de Christian en Suecia

El adiós

El 24 de julio de 2024, cuatro días antes de unas elecciones presidenciales que paralizaban Venezuela, el aeropuerto de Maiquetía era un hervidero de despedidas. Mientras unos se aferraban a la última esperanza de un cambio político, otros, como ellos, tomaban la ruta del éxodo. Ese día, Venezuela no solo perdía votos potenciales; perdía futuros. Perdía a dos más: Pierina y Christian. Ellos se convertían en dos cifras más para la estadística que ya rozaba los 9,1 millones de venezolanos fuera de sus fronteras, una diáspora forzada por la misma crisis de la que intentaban escapar. Para ella, la partida implicó renunciar a comunicación social, una decisión que su amiga Nicole Jabbour cuestionó: «Todo el mundo le decía que estudiara y después se fuera, pero ella insistió». Christian, gastrónomo frustrado por la falta de oportunidades, anhelaba crecer. España fue su destino lógico: hispanohablante, con la ventaja del pasaporte portugués de él. «Nuestro plan: ahorrar en 5 años y volver», recuerdan. La realidad, sin embargo, tenía otros designios.

Madrid: el invierno emocional

El aterrizaje en España fue un espejismo. Pierina chocó contra un muro laboral. Su breve paso por la célebre churrería San Ginés fue una humillación: «Me hicieron limpiar baños, el local entero y hacer compras». Christian, empleado en una pizzería, cargaba el peso económico: «Llegábamos justos, nunca mal, pero ajustados». La logística era una pesadilla: cuatro horas diarias en transporte para sus jornadas partidas.  

Pero el golpe más profundo fue la soledad. Pierina, con depresión diagnosticada desde Venezuela, luchaba en una habitación compartida. «En España no era difícil socializar, pero hacer vínculos profundos sí», confiesa. Su amiga Anna Paola Ramírez, quien había sufrido algo similar a lo de Pierina en Italia, lo entendía: «Cuando te acostumbras al lugar, ya no es ese país que ves con ‘ojos de amor’».


Pierina contemplando la vista en el balcón de su habitación

Para marzo, durante una visita en Madrid, Anna Paola encontró a Pierina «golpeada por la realidad». Nicole añade: «Sus pocas amigas de Madrid eran muy metidas en símismas. Nunca hubo una conexión real». La tensión permeaba la relación: «Yo llegaba agotado; ella necesitaba salir. Chocábamos», admite Christian. Solo su complicidad los sostuvo: «Los dos hemos sido un apoyo… eso nos impidió derrumbarnos».


Momento del reencuentro de Pierina y Anna Paola en Madrid

Entre los recuerdos de amistades de Venezuela que la pareja dejó atrás, estaba Daniel Serrano, el amigo más cercano de la pareja, quien durante años se sintió como «el hijo adoptado» de la pareja. «Siempre me llevaban a todos lados porque Christian tenía carro en Caracas», recordaría después Daniel con una mezcla de nostalgia y orfandad. Los consideraba personas maravillosas, aunque algo desordenadas: «El cuarto de la casa siempre estaba descuidado, pero igual los amo mucho». Cuando Christian y Pierina le anunciaron su partida en un tono inusualmente serio, la reacción de Daniel fue un puñetazo en el aire entre la incredulidad y el dolor: «¿Es un chiste?» les dijo, buscando en sus ojos una señal de que era una broma pesada.

Umeå: renacer entre abedules 

La salvación llegó por Instagram: un empresario sueco impresionado por las pizzas de Christian le ofreció trabajo en Umeå. «Pensé que era mentira», confiesa. Pero al pisar esta ciudad de 132,000 habitantes —donde los abedules son emblema de renacimiento— todo cambió.


Christian disfruta el panorama en Umeå

El contraste con Madrid fue brutal. En Umeå, la calidez humana se hizo palpable; «Aquí la gente sí se preocupa por ti. En Madrid, no tenías con quien hablar profundo», dice Christian. Pierina complementa esta percepción al señalar que en Umeå la gente es alegre y comparte su vida, mientras que en España se siente una frialdad. La libertad logística también marcó una diferencia significativa: Christian ahora pedalea solo cinco minutos al trabajo, en comparación con las cuatro horas diarias que perdía en transporte en Madrid. Además, finalmente tienen un departamento para ellos solos, después de haber estado nueve meses en habitaciones en España.

Sin embargo, los desafíos persisten. El idioma sueco los excluye en conversaciones cotidianas, lo que añade una capa de dificultad a su adaptación. Pierina «machuca» el inglés, mientras que Christian intenta aprovechar su experiencia en el Reino Unido, entendiendo que debe pensar en inglés y no simplemente traducir. En el ámbito laboral, Christian trabaja ocho horas en Andra Sidan, pero su conocimiento en la elaboración de masas lo obliga a realizar horas extras, ya que es el único que sabe hacer pizzas. Aunque los domingos debería descansar, se siente compelido a ir a preparar la semana.


Pizza del restaurante Andra Sidan elaborada por Christian

El futuro: raíces en tierra nórdica  

Los abedules de Umeå, testigos silenciosos de su lucha, hoy simbolizan su propia resiliencia. El plan de «5 años en Europa» se esfumó. «Vivir en Suecia jamás estuvo en mis planes», reconoce Christian, quien ahora vislumbra negocios propios e inversiones. Pierina, aún explorando opciones, valora la estabilidad: «Aquí las cosas funcionan. Hay espacio para crecer».  

El regreso a Venezuela queda suspendido en un «cuando la situación mejore», pero Umeå les ha devuelto algo esencial: la esperanza. Entre sus calles arboladas y el murmullo del sueco, han aprendido que migrar no es solo sobrevivir, sino reencontrarse en lo inesperado. Como los abedules que reverdecieron tras el fuego, ellos florecen en el frío, llevando en el acento —y en el sabor de sus recuerdos— el sol imborrable de Caracas. Su historia, grabada entre troncos plateados, es un recordatorio: a veces, las raíces más fuertes son las que se atreven a brotar lejos de casa.

El sifrino del fútbol venezolano: el viaje de Jon Mikel Aramburu

Jon Mikel en su 5to año de Bachillerato. Foto tomada de la cuenta de Instagram @sanignaciocaracas 

En una tarde especial, Jon Aramburu decide aprovechar su día libre para explorar las hermosas playas de San Sebastián. Antes de salir, se rocía con su perfume árabe y ajusta el característico flequillo que lo acompaña desde sus días en el San Ignacio de Loyola. Desde el lugar, los aficionados de la Real Sociedad lo reconocen, pero “Jonmi” asegura que la gente es muy respetuosa; lo saludan a distancia y continúan su camino, evitando así la presión que suelen experimentar los futbolistas en otros lugares.

A sus 22 años, este defensor caraqueño de raíces vascas ha logrado lo que muchos consideraban un sueño imposible: preservar su esencia y ser reconocido como ese “sifrino del este” mientras se afianza como una de las grandes promesas del fútbol venezolano.

 «Ser sifrino es la manera de hablar, el decir ‘bro'» – Jon Aramburu, en La Vinotinto Podcast, minuto 7:03.

Con una altura de 1,76 m, su rostro refleja una mezcla de herencia vasca y venezolana, destacando por sus facciones definidas, ojos oscuros y un característico lunar en la mejilla izquierda. Su cabello negro azabache, con un estilo moderno y desenfadado, complementa su imagen juvenil y carismática.

Jon Aramburu se expresa con un lenguaje que encapsula la esencia de su entorno, utilizando términos como “bro” y exhibiendo una actitud desenfadada que refleja su crianza en un contexto privilegiado. Cada vez que regresa a Caracas, se encuentra con su grupo de amigos en lugares emblemáticos como Cerro Verde y Prados Del Este, donde la camaradería y el sentido de pertenencia son palpables. En esos momentos, rodeado de risas y anécdotas, Jon no solo reafirma sus raíces, sino que también celebra una vida caraqueña que es tan exclusiva como auténtica, dejando claro que, sin importar dónde lo lleve el fútbol, siempre habrá un hogar esperándolo en el este de la ciudad.

El legado vasco: historia de los Aramburu

La historia de Jon Mikel Aramburu Mejías comienza mucho antes de su nacimiento, en 1939, cuando su bisabuelo Faustino Aramburu Mujica, originario de Donostia, estableció las raíces vascas de la familia en Venezuela. Mikel, el padre, nació en San Sebastián durante unas vacaciones familiares y ha sido un pilar fundamental en la vida de Jon. Su humildad y pasión por el fútbol han influido profundamente en su hijo, quien lo llama «Aita». Mikel ha apoyado a Jon en cada paso de su carrera, ayudándolo a conseguir oportunidades, como su fichaje en la agencia de representación By&For

En el hogar de los Aramburu, la cultura vasca y venezolana se fusionaban naturalmente. Mikel no solo es un padre presente, sino también un exitoso empresario y fundador de Importadora Iregua, especializada en vinos españoles. Además, comparte su conocimiento como profesor del Diplomado en Cultura del Vino en la Universidad Metropolitana.

Miguelangel González, un amigo cercano de la familia Aramburu, comparte su conexión con ellos desde la infancia. Resalta que Jon Mikel Aramburu, influenciado por la educación de sus padres, refleja la humildad y solidaridad de su familia. Su padre, a su vez, fue moldeado por la tradición de sus abuelos, quienes fueron conocidos por Miguelangel, lo que enriquece aún más el legado familiar que Jon Mikel lleva consigo.

A su vez, el allegado a la familia Aramburu resalta que Jon es el futbolista que su padre, Mikel, quizás hubiera querido ser, cumpliendo así un sueño familiar en un entorno futbolístico con raíces vascas y españolas.

Un «boboyola» con aspiraciones internacionales

El San Ignacio para Jon es de los mejores recuerdos que tiene, sus mejores amigos son de ahí. El San Ignacio es una secta; son todos para uno y uno para todos” —-Mikel Aramburu en El Mundo es un Balón minuto 4:35 a 4:40

Así como es imposible hablar de Jon sin mencionar a su “Aita”, también es fundamental referirse al Colegio San Ignacio de Loyola. Este no solo fue el lugar donde Jon Aramburu recibió su educación formal, sino que también fue el entorno en el que forjó su identidad. En este prestigioso colegio jesuita, Jon se destacó por su singular determinación y compromiso, características que lo han definido tanto dentro como fuera del campo.

En 2021, Jon Aramburu aún no era una figura destacada en el fútbol venezolano, pero Carlos Domingues decidió elaborar un breve perfil sobre él. El relator señalaba que, a pesar de su aparente timidez, Aramburu se transformaba en un competidor feroz en el campo, revelando así la dualidad de su carácter. Además, enfatiza la relevancia del Colegio San Ignacio de Loyola, reconocido como un semillero de talentos, donde muchos egresados eligen seguir carreras universitarias en lugar de dedicarse exclusivamente al fútbol. Sin embargo, esa no sería la elección de Jon.

David Infante, representante de una compañera de Jon y fotógrafo del equipo de fútbol, resalta que en el San Ignacio se implementan planes vacacionales y clínicas deportivas para niños desde una edad temprana, incluso antes de iniciar su formación académica. Esta combinación no siempre es fácil de manejar y es crucial para entender la trayectoria de Jon como futbolista ignaciano. Infante menciona que sus compañeros lo apoyaron al prestarle cuadernos y ayudándolo con los exámenes, subrayando así la importancia de una buena planificación del tiempo.

Entre sus panas del San Ignacio, se recuerda que Jon casi nunca asistía al colegio, pero cuando lo hacía, era un tipo “chill de cojones”, centrado en lo que hacía y siempre se ponía de delantero centro durante los recreos.

En cuarto año, se perdió uno de los partidos más importantes de su vida: el tradicional “4to vs 5to” del San Ignacio de Loyola. Aunque no era un partido oficial, era muy esperado. Lamentablemente, Jon no pudo jugar dicho partido porque estaba en el Campeonato Sudamericano Sub-17, lo que llevó a sus amigos a usar una camiseta en su honor. Afortunadamente, su promoción ganó el juego e Ignacio “Nacho” Hernández, pana del alma de Jon, levantó el trofeo en homenaje al futbolista, ya convertido en Vinotinto en la categoría juvenil.

Jon y sus compañeros del San Ignacio cuando regresó a las aulas tras perderse el “4to vs 5to”. Foto cortesía de Nacho Hernández

Por fortuna, Jon pudo participar en el encuentro durante su quinto año de bachillerato y su equipo logró ganar el partido, alzándose nuevamente con la copa. Cabe destacar que Mikel, su padre, fue uno de los integrantes del cuerpo técnico del equipo de Jon. Isabela Marrero, parte de la promoción 93 del colegio, afirma: “entre todos nuestros amigos, Mikel es como un papá para ellos; es demasiado pana”.

Un testimonio fundamental sobre la vida de Jon proviene de Rodrigo de la Terga, quien ha sido su compañero en casi todas las facetas de su existencia. Desde los días en la selección hasta su paso por el Deportivo La Guaira y su formación en San Ignacio de Loyola, Rodrigo ha estado presente en cada uno de esos momentos significativos. Su cercanía y conocimiento profundo del “vasco” iluminan aspectos de su personalidad y trayectoria que solo un amigo así podría revelar.

Rodrigo subraya la inquebrantable lealtad de la familia Aramburu hacia Jon en su camino hacia el fútbol. Nunca hubo un “no” que limitara sus sueños, lo que ha sido fundamental para que mantenga la serenidad en sus decisiones. Recuerda cómo, al ser convocados para torneos fuera de Caracas, sus madres se preocupaban por su educación, pidiendo cuadernos para fotocopiar, asegurándose de que sus hijos pudieran ponerse al día con las clases tras sus ausencias. Jon, con una determinación férrea, mostraba escaso interés por lo académico; aunque algunos lo veían como una debilidad, esa misma pasión lo hacía brillar al enfocarse exclusivamente en lo que realmente consideraba valioso: su sueño de ser futbolista.

Rodrigo de La Terga con Mikel y Jon

Al llegar el momento de graduarse, es común que los padres pregunten a sus hijos qué desean estudiar. Mikel, aunque siempre apoyó a Jon en sus decisiones, no pudo evitar sentir la incertidumbre propia de un padre, presionado por la expectativa de otros padres del Loyola y la tradición familiar en Venezuela. Mientras muchos egresados optan por seguir carreras académicas o buscar becas en universidades de EE.UU., Jon se encontraba en un dilema tras la reciente aceptación de su amigo Rodrigo en una universidad norteamericana.

Sin embargo, fiel a su pasión, Jon le respondió a su padre con sinceridad: “papá, no sé qué estudiar; solo quiero ser profesional”.

Forjando el futuro: el ascenso profesional de Jon

Jon se adentra en el mundo del fútbol a los cinco años, una etapa en la que aún no lograba ser aceptado en las academias. Sin embargo, su insistencia lo llevó a ser admitido gracias a Celso Oliveira, un entrenador que lo animó a unirse a su academia. Posteriormente, Jon pasó a manos de Polín Páez Pumar, otro destacado entrenador pero ahora de su colegio, el San Ignacio de Loyola.

Un pequeño Jon dando sus primeros pasos en el balompié infantil

Una de las transformaciones más significativas en la vida de Jon ocurrió cuando se unió al Deportivo La Guaira. Al convertirse en jugador del equipo, tuvo la oportunidad de conocer a sus compañeros en la casa club en El Cafetal. Allí, el «chamo del este» se enfrentó a la necesidad de adaptarse a una realidad muy diferente a la que había conocido en su zona de confort.

A partir de ese momento, Mikel observó cómo su hijo navegaba entre dos mundos aparentemente irreconciliables: el del privilegiado este caraqueño y el del fútbol venezolano de base.

> «Vivía en sus dos realidades: una acomodada, un muchachito del este de Caracas y la otra de sus compañeros de equipo que eran de origen, mayoritariamente humilde» – Mikel Aramburu en entrevista con Shirley Varnagy minuto 5:49 a 6:02

La huella de Jon en el naranja: más que un jugador

En el mundo del fútbol, las historias de superación y compañerismo son esenciales. Jon Aramburu, con su espíritu resiliente y su pasión, ha dejado una marca imborrable en quienes lo vieron crecer en el Deportivo La Guaira.

Uno de esos compañeros que, con el tiempo, se convertiría en un amigo entrañable es Elías Arias. Ambos habían cruzado caminos en el terreno de juego, donde la rivalidad ardía con intensidad en cada partido. En ese momento, como juveniles, compartieron habitación en un módulo sub-15 de la Vinotinto. Al principio, Elías temía que no congeniarían, pero todo cambió cuando Jon llegó al Deportivo La Guaira. La competencia por un puesto en el equipo, lejos de separarlos, los unió, y aunque seguían siendo rivales en el campo, su relación floreció en una sólida y sincera amistad.


“Siempre admiré su mentalidad, que era muy similar a la mía.» — Elías Arias

Aunque al principio había rivalidad, la competencia se convirtió en una motivación mutua. Arias destacó cómo ambos se impulsan a mejorar y cómo la humildad y el deseo de triunfar de Jon se convirtieron en cualidades que valoraba profundamente. Elías nunca vio a Jon como un “sifrino”, y ambos se consideraron iguales, lo que fortaleció su amistad. Recordó con humor las bromas sobre sus respectivos orígenes, lo que les permitió mantener una relación cercana. Ambos compartieron experiencias similares en su trayectoria futbolística, enfocándose siempre en el deporte y manteniendo una fe inquebrantable en sus objetivos.

A pesar de las exigencias del colegio, Jon siempre priorizó el fútbol y decidió seguir su pasión. Arias mencionó que la confianza de Jon en sí mismo fue clave para su carrera.

Durante sus primeros años como profesionales, enfrentaron desafíos juntos, incluida la incertidumbre de la pandemia. Sin embargo, su preparación intensa los llevó a un gran desempeño en el torneo.

Elías Arias se siente orgulloso del crecimiento de Jon y de sus logros en el fútbol. A pesar de las críticas por unirse a un equipo de tercera división en España, siempre confió en su capacidad para triunfar. Para Arias, Jon es el mejor defensa de la selección nacional y valora profundamente su amistad, considerándola un regalo en su vida.

Otro integrante del equipo naranja es Luis Morales, un apasionado aficionado del equipo marítimo que conoce a Jon desde la temporada en que este se convirtió en profesional. Al principio, lo veía como un futbolista algo tosco, pero siempre le reconoció su gran mentalidad, que lo diferenciaba de los demás.

Luis comenta: «Jon es una mejor persona que jugador, su calidad humana es intachable.»

Luis posee dos camisetas de Jon: una camiseta alternativa de la temporada 2022 y otra que le regaló justo antes de su última foto con La Guaira. Para él, esa camiseta firmada es una reliquia, a pesar de las ofertas que ha recibido por ella.

Cuando Jon regresó de la Copa América, Luis lo vio como espectador en un partido en el Olímpico de la UCV. A pesar de su renombre, Jon, con la humildad de un verdadero hermano, se acercó a Luis y le expresó: “Hermano, ¿cómo estás? Te noto más flaco.” Este gesto, tan sencillo y a la vez tan profundo, iluminó el alma de Luis, recordándole su esencia y haciéndolo sentir como un ser especial en un vasto universo.

Luis Morales feliz con la última camisa que utilizó Jon en el Deportivo La Guaira 

De la cancha del San Ignacio a Anoeta: el sueño cumplido

El camino hacia la Real Sociedad no fue directo. Después de su paso por La Guaira, Aramburu tomó una decisión arriesgada al unirse al Real Unión en la tercera división española. Mientras algunos cuestionaban este movimiento aparentemente lateral, Jon y su entorno tenían clara la estrategia.Javier Semeler, periodista que anunció su fichaje por el Real Unión, comentó que la decisión de Jon de unirse al conjunto español fue acertada, ya que el equipo se encontraba en el País Vasco, lo que le benefició. En España, Jon mejoró su técnica y su proyección defensiva. Semeler también destacó que fue clave para que se afianzara como lateral derecho, dado que en La Guaira jugaba en varias posiciones.

> «Su pasaporte comunitario le facilitó muchas cosas, como no ocupar el cupo de extranjeros del equipo.» – Javier Semeler

Mario Capalete, ex capitán y actual analista del Real Unión, expresó que Jon Mikel fue una grata sorpresa, describiéndolo como un chico espectacular, humilde y trabajador. Destacó su admirable forma de competir, señalando que no regala nada en el campo. Recordó su primer día de entrenamiento, donde, a pesar de un largo viaje, mostró gran entrega en un balón dividido.

Capalete afirmó que Jon es un ejemplo de esfuerzo y dedicación en los entrenamientos. Además, mencionó que se adaptó rápidamente y destacó en un año complicado para el club, anotando goles y mostrando un nivel altísimo. Resaltó que, aunque no todos tienen su capacidad técnica, Jon compensa con trabajo y competitividad.

El plan dio resultado. En 2023, la Real Sociedad lo fichó inicialmente para su equipo B, pero su progreso fue meteórico. El 20 de enero de 2024, Jon cumplió el sueño que había trazado en los cuadernos del San Ignacio: debutar en La Liga con el equipo que lleva en el corazón junto a su familia.

Inmediatamente el entrenador del primer equipo, Imanol Alguacil, al conocer a Jon Aramburu, expresó su aprecio por él diciendo: “a este lo quiero acá”.

Sobre su instancia en la Real Sociedad, Jon había estado previamente en la institución txuri-urdin, por lo que regresar allí representaba cumplir su sueño de adolescente.

Ante el notable impacto que ha causado Jon Aramburu en el club de San Sebastián, Axier Zeberio, compañero de Jon en la categoría cadete, comentó que en el año 2017 Jon estuvo aproximadamente un mes y medio realizando pruebas. Aunque era tímido al ser el nuevo, los compañeros le tomaron cariño tras escuchar su historia sobre el fútbol en Venezuela.

Un adolescente Aramburu con los colores de la Real Sociedad 

Destacó su garra y actitud, elementos que conectan con la afición y son escasos en el primer equipo actual. La Real Sociedad valora mucho su cantera y sus valores.

Tanto así que la fanaticada de la Real Sociedad considera a Jon Aramburu un jugador luchador, que se entrega en cada jugada, lo que es muy valorado por la afición y el entrenador. Además, se le percibe como una persona accesible y humilde, que se ha adaptado bien a la ciudad y transmite felicidad e ilusión, fortaleciendo su conexión con los seguidores del club.

La nueva cara de la Vinotinto

En el amplio panorama del fútbol venezolano, Jon Aramburu se destaca como un símbolo de esperanza y renovación, encargando la esencia de una nueva generación de futbolistas venezolanos: profesionales, preparados y sin complejos. Su habilidad para moverse con soltura tanto en una ”reu” en las zonas del este de Caracas como en un vestuario de la Vinotinto demuestra que los estereotipos están hechos para romperse.

A diferencia de otros jugadores, como José “Brujo” Martínez, Yangel Herrera o Yeferson Soteldo, quienes forjaron su camino desde el interior del país enfrentando adversidades, Jon floreció en el seno de una familia acomodada. Este entorno le permitió cultivar su pasión por el fútbol sin las restricciones que otros han conocido, dotándolo de la libertad necesaria para soñar en grande.

Con una garra comparable a la de leyendas del fútbol mundial como Carles Puyol o Dani Carvajal, Jon ha hecho latir el corazón de los aficionados de la Vinotinto. Su carácter indomable se manifestó en momentos cruciales, como aquel despeje decisivo en su debut en Copa América 2024 que no solo salvó un gol, sino que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de los hinchas, quien lo apodaron “irremplazable” en el equipo de Bocha Batista.

Cada vez que Jon se presenta en el campo, su energía es palpable, y su conexión con el público es instantánea. Durante un partido de Eliminatorias, su guiño a la cámara mientras se entonaba el himno nacional se convirtió en un símbolo de carisma, un momento que unió a los espectadores en una emoción compartida. Enfrentarse a gigantes del fútbol, como Vinicius Jr., no amedrentó su espíritu; al contrario, su respuesta ingeniosa al brasileño, llamándolo “Balón de Oro”, evidenció su audacia y su deseo de dejar su marca en cada jugada.

Sin embargo, no ha estado exento de controversias. Su reciente gesto de arrojar la camiseta al suelo tras ser sustituido en un partido contra Chile generó un torbellino de críticas. Ante la reacción de los aficionados, Jon, con la honestidad que lo caracteriza, se disculpó sinceramente en sus redes sociales, recordando que “vestir la camiseta de la Vinotinto es lo más grande y sagrado para mí.” Este compromiso ferviente es un testimonio de su entrega y lealtad, prometiendo seguir luchando por su país en cada encuentro.

Aramburu: un jugador, dos personalidades

Jon Aramburu ha recibido varios apodos de su padre y de sus compañeros de estudio y fútbol, tanto en Venezuela como en España. Su “aita” lo llama “Caimán” y “Loko”, mientras que en las concentraciones de la Vinotinto, Salomón Rondón lo apoda “Boboyola”. Algunos de sus compañeros del Colegio San Ignacio y del Deportivo La Guaira lo conocen como “Vasco”, y en España, especialmente en el Real Unión y la Real Sociedad, le dicen “Jonmi”.

Recientemente, Jon obtiene el apodo de “Búfalo” tras el partido contra México en la Copa América. Ante la situación, Mikel destaca que en casa Jon es una persona tranquila y cariñosa, muy alejada de la imagen ruda asociada a su apodo: “no puede ser nada parecido a un búfalo”. Esta dualidad se manifiesta claramente en su comportamiento dentro y fuera del campo.

Son dos personas que se complementan”, explica su padre. En casa, es tranquilo y familiar, mientras que en la cancha se convierte en un guerrero decidido a ganar a toda costa.

Un par de anécdotas que reflejan la determinación de Jon ocurrió en varias ocasiones memorables. Durante un mundialito en Portugal, a los 10 años, Jon se rompió el labio jugando pool en el hotel, pero optó por no mencionarlo para poder participar en la competencia internacional, priorizando el juego a pesar del dolor.

En otra ocasión, en un partido, el joven Jon le reclamó al capitán Arles Flores por su falta de esfuerzo, lo que llevó a Arles a enfocarse más y a comentar: “qué bolas que este carajito me esté diciendo que le ponga más güebos”.

Alejandro Martínez Campos, fotógrafo del Deportivo La Guaira en ese momento, recuerda un entrenamiento difícil en el que el profesor Daniel Farías lo criticó severamente. Aunque salió cabizbajo, al día siguiente se esforzó el doble para mejorar. Estas vivencias son un reflejo de la tenacidad y el compromiso que definen a Jon en su trayectoria.

Un futbolista con pasiones diversas

En una entrevista en La Vinotinto Podcast, Jon Aramburu compartió su vida fuera del campo. Fuera del terreno de juego, Jon es un joven con intereses diversos. Es fanático de artistas como Bad Bunny y Feid, pero también disfruta de baladas de Morat y Melendi. Cuando tiene más tiempo para ver televisión, Jon es admirador de novelas y series como “La Reina del Sur” y “Breaking Bad”, que reflejan sus gustos por las narrativas intensas y emocionantes.

Jon es un apasionado del PlayStation. Según “Memo” Marín, su compañero en La Guaira, Jon tiene una personalidad ganadora y odia perder, ya sea en fútbol, FIFA o Call of Duty. Es un experto en videojuegos; aunque disfruta jugar FIFA, prefiere Warzone porque le permite mantenerse conectado con sus amigos en Venezuela. Durante los viajes con su equipo, siempre lleva su consola, lo que sus compañeros comentan con humor.

Aunque para muchas personas ha alcanzado el éxito, Jon mantiene los valores que aprendió en casa. Su agente, Andrea Orlandi, lo describe como «humilde y comprometido, un ejemplo para los demás jugadores«.

Desde pequeño, Jon ha admirado a Antoine Griezmann, considerándolo un ídolo desde sus días en la Real Sociedad. En su infancia, le dedicaba dibujos al talentoso francés, soñando con emular su carrera. Su conexión se fortaleció tras firmar con la agencia By & For, dirigida por la hermana del futbolista galo. Este vínculo ha llevado al francés a elogiar públicamente a Jon como “el soldado venezolano” y destacando su desempeño en el campo.

Un embajador de su herencia

En el año 2005, un pequeño Jon le regaló a su padre una camiseta de la Vinotinto en el Día del Padre. «Aita, feliz día, yo quiero ser Vinotinto», le dijo. Esa franela XL, que le quedaba enorme al niño de entonces, se convirtió en un objeto casi sagrado en la casa de los Aramburu. Hoy, Mikel reza frente a ella antes de cada partido de su hijo.

«Hoy te veo por la tele. No sabes lo orgulloso que estoy, hijo.» — Mikel Aramburu

El pequeño tatuaje en su pierna con el número 23 y las iniciales de su familia resume perfectamente quién es Jon Aramburu: un joven que honra sus raíces mientras construye su propio camino. No es casualidad que ese número representa tantos momentos cruciales en su carrera, como si el destino hubiera estado escribiendo su historia desde aquel regalo del Día del Padre.

Jon Aramburu trasciende la figura de un futbolista exitoso; es un símbolo viviente de que los estereotipos están destinados a ser desafiados. Desde su paso por el San Ignacio hasta su llegada a San Sebastián, de ser un niño apodado “boboyola” a convertirse en una estrella de la Vinotinto, su historia es un testimonio de que se puede mantener la esencia mientras se persiguen los sueños más ambiciosos. Con cada paso en el campo, Jon no solo juega al fútbol; redefine lo que significa ser un deportista venezolano en el mundo.

Mientras se prepara para otro viaje por España con la Real Sociedad, Jon Mikel Aramburu ajusta su playlist. La promesa de Melendi resuena en sus auriculares, mientras la fusión de su sangre vasca y venezolana late con fuerza. “El Búfalo” se alista para una nueva batalla, asegurándose de que su PlayStation 5 esté en su bolso y su flequillo luzca perfectamente despeinado. 

Con determinación y carisma, Jon se lanza a la aventura, listo para conquistar tanto el campo como las vibrantes calles de España, donde el sifrino y “boboyola” se entrelazan en un vibrante baile de pasiones, llevando consigo la esencia de dos mundos y dejando su huella en cada rincón que pisa.

Jesús Piñero: del corazón de Petare a la cumbre académica

Con 31 años, Jesús Piñero ha desafiado las estadísticas para convertirse en un referente en la historia y la educación venezolana. Profesor e historiador, su vida es un testimonio de superación y compromiso con las nuevas generaciones 

El aroma del café recién preparado inunda el moderno local en Los Palos Grandes donde Jesús Piñero, con una sonrisa serena y gestos pausados, desentraña los hilos de su historia. Entre libros y el murmullo de la lluvia que comienza a caer sobre Caracas, este historiador petareño desprende una pasión contagiosa cuando habla de su vocación, que comenzó en las aulas de una escuela pública y lo llevó hasta los pasillos de la Universidad Católica Andrés Bello.

Jesús Piñero no es un nombre desconocido en los círculos académicos venezolanos. A sus 31 años, es uno de los ganadores más jóvenes del Premio Nacional de Historia Rafael María Baralt, un logro que atribuye a su pasión por la investigación y a su incansable deseo de escribir. Su trayectoria, sin embargo, no ha sido sencilla. Nacido en Petare, un barrio donde las oportunidades parecen escasas, Jesús encontró en la historia y la escritura un refugio y una vocación. «Desde pequeño me gustaban las materias humanísticas como castellano e historia», comenta con una sonrisa. 

Aunque soñaba con ser periodista, el destino lo llevó a estudiar historia en la Universidad Central de Venezuela, debido a que no podía costear una universidad privada. Pero Jesús no se rindió. Decidió estudiar ambas carreras, historia y comunicación social, al mismo tiempo, demostrando que la falta de recursos no limita cuando existe verdadera pasión. «Siempre supe que quería escribir, escribir y escribir», afirma. 

En 2018, dio un paso importante en su carrera al incursionar en la docencia en el Colegio Jefferson, una institución que, según sus palabras, parecía sacada de «High School Musical». Allí, encontró un espacio para compartir su amor por la historia con nuevas generaciones. Uno de sus alumnos, Jesús Simancas, incluso le dedicó una caricatura, un gesto que Piñero guarda con cariño. «Él era calladito, aunque era un estudiante de 19 y 20. Era muy perfeccionista.», reflexiona. «Esa promoción me marcó en mi destino de quedarme en el colegio», dice al recordar a sus estudiantes de la promoción 33, quienes lo inspiraron a continuar enseñando. 

En una dinámica de preguntas rápidas, no duda en señalar a Rómulo Betancourt como el mejor presidente del país, mientras que califica a Nicolás Maduro como el peor. También asegura que Simón Bolívar está sobrevalorado, argumentando que «el culto a Bolívar ha llevado a una sobrevaloración de su figura». En contraste, menciona a Raúl León como un personaje históricamente infravalorado. 

Destaca la fecha del 5 de julio de 1811 como el día más importante para Venezuela y considera a Manuel Caballero el historiador más completo que ha tenido el país. 

Pero no todo es política y academia para Piñero. Durante nuestra conversación, confiesa que el deterioro del país le ha hecho reconsiderar su decisión de quedarse en Venezuela. «En 2021, dije que no me quería ir, pero tras los eventos recientes, he considerado salir del país», admite. La inseguridad y la falta de garantías para ejercer libremente como historiador y docente han comenzado a pesar en sus decisiones. 

Cuando la entrevista llega a su fin, Jesús comenta que está en mente un nuevo proyecto en el que está trabajando: una biografía sobre un personaje que no llegó a ser presidente. Su pasión por rescatar historias olvidadas y darles vida es evidente. Al despedirnos, la lluvia comienza a caer, y Jesús, con una sonrisa, firma un ejemplar de su libro Venezuela: Documentos para su estudio 1498-1999 . «La historia no solo se escribe, también se vive», me dice antes de irse, una frase que encapsula perfectamente su esencia. 

Jesús Piñero no solo es un historiador y docente, es un puente entre el pasado y el presente, un ejemplo vivo de que las barreras pueden ser superadas cuando se tiene pasión, resiliencia y el deseo de transformar vidas, un personaje lleno de matices. Escucharlo hablar es como abrir un libro lleno de historias, opiniones y reflexiones profundas. Su compromiso con la educación y su amor por la historia lo convierten en una figura inspiradora, especialmente en un país donde la esperanza a menudo parece escasa. 

Su relato no sólo revela al historiador, sino también al ser humano detrás de los logros: un hombre que, desde el corazón de Petare, ha demostrado que los sueños no tienen límites.

Entrevista con Danisbel Gómez Murillo, experta en periodismo

Nuevo pensum de Comunicación Social minimiza la formación teórica, advierte profesora de la UCAB

La profesora Danisbel Gómez Murillo

Danisbel Gómez, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), analiza los retos y oportunidades del nuevo plan de estudios de Comunicación Social 2023

Danisbel Gómez Morillo es periodista y directora de Estrategia en Efecto Cocuyo, un medio de comunicación destacado por su enfoque en la libertad de expresión y derechos humanos en Venezuela. Su trabajo se centra en la defensa de la prensa y la denuncia de violaciones a los derechos fundamentales en el país. Además, ha participado en iniciativas para promover un cambio pacífico y democrático en Venezuela.

La implementación del nuevo pensum de Comunicación Social en la UCAB, ha generado debate. Si bien la propuesta busca equilibrar la formación teórica y práctica, la reducción de asignaturas como Sociología Política y/o Estadística ha sido cuestionada por diversos actores de la vida universitaria. Estos argumentan que una sólida base de estas disciplinas es fundamental para desarrollar un pensamiento crítico y analitico.

– Shantal Boutros: ¿Cuáles son sus principales preocupaciones respecto a la eliminación de materias teóricas en el nuevo pensum?

– (R) Creo que la primera preocupación es si realmente fomentamos la capacidad crítica y analítica en los jóvenes profesionales, si hay un eje transversal que les permita a los estudiantes conectarse con el pasado, que es importante. Me refiero a todo lo que es la teoría de la comunicación, las investigaciones sobre comunicación en las diversas disciplinas, y no solo a medios de comunicación y periodismo, sino en general al saber comunicacional. Me pregunto si realmente hay esa intencionalidad dentro del pensum de estudio de fortalecer esa capacidad crítica en los jóvenes. Creo que esa es una preocupación transversal.

– Ángel Graterol: Tomando en cuenta lo que usted dice, en el nuevo pensum está la materia de Teorías Sociales de la Comunicación. En cambio, en el pensum 2019 se encuentra Teoría de la Comunicación y posteriormente Sociología de la Comunicación, que es un estudio más completo, pero ahora se condensa en una sola. Mi pregunta sería, ¿qué considera usted que es imprescindible y qué se debió mantener en el nuevo pensum que a lo mejor lo reformaron o lo quitaron?

– (R) Creo que ambas son importantes. Tanto la perspectiva desde la sociología de la comunicación como de la teoría de la comunicación, porque no son lo mismo. Incluso psicología de la comunicación (Psicología Social es la materia en el Pensum de 2019) que entra en esa perspectiva también no es lo mismo. Y creo que hay un error cuando pensamos que no sirve al periodismo. Es contradictorio con el hecho de que la carrera haya sido llevada a cuatro años. Ese saber crítico, si lo hablamos en términos de Habermas, diríamos emancipatorio, es ese saber que te permite discernir, tener conciencia sobre las cosas, poder comparar, contrastar. De allí creo que para mí serían importantes las tres. Aunque se haya hecho un mix, yo volvería a hacer una enmienda y volvería a incluirlas.

– José Hung: ¿Cómo ve el equilibrio entre la formación práctica y teórica comparado con este nuevo pensum?

– (R)  En este no lo veo, o sea, creo que se sobredimensionó la preparación práctica, que aunque es una necesidad de las empresas empleadoras, diría que ese conocimiento empírico práctico es más asequible que lo teórico. Entonces veo que hay una gran desigualdad.

– Ángel Graterol: ¿De qué manera cree usted que el nuevo pensum facilita la incorporación temprana al mercado laboral en comparación al antiguo pensum?

– (R) Bueno, no hemos tenido la primera cohorte de egresados del nuevo pensum, que eso nos daría para realmente cotejar cuál es el resultado de la implementación de este pensum. Sin embargo, sí es cierto que los empleadores cada vez buscan habilidades técnicas y que esas habilidades técnicas y esas capacidades también tengan una expresión en el quehacer cotidiano.

– José Hung: ¿Cuáles materias cree usted que han sido en el área específicamente del periodismo las modificaciones, los cambios que se han hecho con relación al pensum viejo, al nuevo pensum 2023? Principalmente a las materias de periodismo.

– (R) Bueno, lo que he visto yo del pensum es que algunas materias que formaban parte del eje curricular, al incluir una sola materia, no bastaba para cubrir ese universo. Entonces, aunque algunas cosas están presentes, es de manera muy escueta y genérica. 

El mundo de la comunicación va más rápido que lo que la UCAB intenta alcanzar, ya que busca responder a una demanda del mercado. Y creo que la universidad tiene que seguir marcando en el mercado algunas cosas que son importantes y que solo la universidad tiene. Me refiero al mercado laboral en este caso: medios de comunicación, corporaciones, empresas a donde ustedes vayan a prestar servicios.

– Shantal Boutros: ¿En qué aspectos considera usted que pueda cambiar en el área laboral el desarrollo de los estudiantes del nuevo pensum?

– (R) Creo que si no se fortalece la capacidad crítica, van a sufrir bastante en los medios. Porque van a tener que cubrir hechos que merecen un análisis previo.

El impacto que generan estos estudiantes en esos medios creo que sí puede ser provechoso y en otras cosas van a tener que aprender conjuntamente. Pero no me parece mal el cambio del todo, aunque sí creo que se fue un poco la mano con el tema técnico y que hay que seguir rescatando y profundizando. Y esto no necesariamente tienen que hacerlo cambiando nuevamente el pensum, sino que en la exigencia en las materias que son muy técnicas puede haber un componente teórico y sea teórico-práctico.

– Shantal Boutros, José Hung y Angel Graterol

Shantal Boutros: de la producción televisiva al marketing digital

Boutros en las instalaciones de Globovisión

La estudiante de Comunicación Social comparte su experiencia en pasantías y su transición al mundo laboral, destacando la importancia de explorar diferentes áreas dentro de la carrera

Shantal Boutros, estudiante de Comunicación Social con concentración en periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), compartió su trayectoria académica y profesional durante una entrevista realizada en la Cabina El Gato del Edificio de Aulas de la institución.

La joven comunicadora reveló que realizó pasantías en Globovisión, donde se desempeñó como asistente de producción. A pesar de que la experiencia fue enriquecedora, Boutros admitió que no se sentía completamente entusiasmada por esta área.

 “No te voy a negar que me gustaba, pero no me apasionaba», expresó. Esta inquietud la llevó a explorar otras ramas de la comunicación, encontrando finalmente su vocación en el marketing digital.

Actualmente, Boutros trabaja para varias marcas, entre ellas TecnoFarma y FarmaGo, donde se encarga de crear contenido y desarrollar estrategias de comunicación.

“Mi trabajo consiste en crear la grilla de contenido para las marcas. No soy quien graba o edita, sino la que planifica y estructura el mensaje que se quiere transmitir», explicó Boutros, destacando la importancia de la planificación estratégica en el mundo digital.

Al ser consultada sobre proyectos personales, la estudiante mencionó que había iniciado un podcast en TikTok, pero tuvo que pausarlo debido a la demanda de tiempo que requería. Sin embargo, no descarta la posibilidad de retomarlo en el futuro.

Reinventándose en tiempos de pandemia: la historia de Byron Grill

C:\Users\LAB_AUDIOV\Downloads\aa.jpg

El señor Nicanor en su comercio Byron Grill en la feria de comida de la UCAB

Me llamo Nicanor Méndez, y después de 38 años en la banca, la vida me llevó por un camino inesperado. Hoy soy el propietario de Byron Grill, pero esta historia no ha sido un camino fácil.

Este proyecto empezó en el 2019 en la UCAB. Yo hacía todo: preparaba las hamburguesas, atendía la caja, servía los pedidos. No era una franquicia ni un gran concesionario; era solo yo y mis ganas de salir adelante. El negocio iba creciendo, hasta que llegó la pandemia y todo cambió.

Cuando el COVID-19 paralizó al mundo, me golpeó directamente. Estuve 46 días hospitalizado, luchando por mi vida. Pero los venezolanos somos resilientes. Desde mi casa, comencé a hacer hamburguesas a domicilio para mi condominio. Todo era artesanal: yo mismo hacía el pan y preparaba la carne. Las fotos de mis hamburguesas en el grupo del condominio fueron mi primera publicidad.

Al ver que funcionaba, invertí en un pequeño carrito de perros calientes que instalé debajo de mi edificio. Vendía las hamburguesas y perros calientes de Byron Grill mientras la universidad permanecía cerrada. Fueron dos años difíciles, pero no me rendí.

Cuando la UCAB comenzó a reabrir, fui uno de los primeros en regresar. Al principio, con las clases mayormente online, había poca gente, pero seguí trabajando. Vendía un poco más que en casa, así que mantenía ambas operaciones para sobrevivir.

Mi experiencia en la banca me enseñó algo fundamental: puedes tener el negocio más bonito del mundo, pero sin calidad de servicio y sin el factor humano, no llegarás lejos. Esta filosofía ha sido la base de Byron Grill. No solo vendemos comida; construimos relaciones con la comunidad ucabista – estudiantes, profesores y personal administrativo.

Hoy, cuando veo a los estudiantes tomándose fotos conmigo o agradeciendo por haberlos ayudado cuando no tenían para comer, siento que todo ha valido la pena. Byron Grill se ha convertido en más que un negocio; es parte de la familia UCAB.

Los años de pandemia me enseñaron a adaptarme y reinventarme. De ser un ejecutivo bancario pasé a hacer pan casero y vender hamburguesas desde mi casa. De un carrito de perros calientes evolucionamos a ser uno de los lugares preferidos en la universidad.

Esta historia no es solo mía; es de cada estudiante que dice «vamos a Byron», de cada profesor que confía en nuestro servicio, y de cada miembro del personal que nos ha apoyado en el camino. Porque al final, como siempre digo, más que sabor, es cariño en el paladar.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar