Jesús Piñero: del corazón de Petare a la cumbre académica

Con 31 años, Jesús Piñero ha desafiado las estadísticas para convertirse en un referente en la historia y la educación venezolana. Profesor e historiador, su vida es un testimonio de superación y compromiso con las nuevas generaciones 

El aroma del café recién preparado inunda el moderno local en Los Palos Grandes donde Jesús Piñero, con una sonrisa serena y gestos pausados, desentraña los hilos de su historia. Entre libros y el murmullo de la lluvia que comienza a caer sobre Caracas, este historiador petareño desprende una pasión contagiosa cuando habla de su vocación, que comenzó en las aulas de una escuela pública y lo llevó hasta los pasillos de la Universidad Católica Andrés Bello.

Jesús Piñero no es un nombre desconocido en los círculos académicos venezolanos. A sus 31 años, es uno de los ganadores más jóvenes del Premio Nacional de Historia Rafael María Baralt, un logro que atribuye a su pasión por la investigación y a su incansable deseo de escribir. Su trayectoria, sin embargo, no ha sido sencilla. Nacido en Petare, un barrio donde las oportunidades parecen escasas, Jesús encontró en la historia y la escritura un refugio y una vocación. «Desde pequeño me gustaban las materias humanísticas como castellano e historia», comenta con una sonrisa. 

Aunque soñaba con ser periodista, el destino lo llevó a estudiar historia en la Universidad Central de Venezuela, debido a que no podía costear una universidad privada. Pero Jesús no se rindió. Decidió estudiar ambas carreras, historia y comunicación social, al mismo tiempo, demostrando que la falta de recursos no limita cuando existe verdadera pasión. «Siempre supe que quería escribir, escribir y escribir», afirma. 

En 2018, dio un paso importante en su carrera al incursionar en la docencia en el Colegio Jefferson, una institución que, según sus palabras, parecía sacada de «High School Musical». Allí, encontró un espacio para compartir su amor por la historia con nuevas generaciones. Uno de sus alumnos, Jesús Simancas, incluso le dedicó una caricatura, un gesto que Piñero guarda con cariño. «Él era calladito, aunque era un estudiante de 19 y 20. Era muy perfeccionista.», reflexiona. «Esa promoción me marcó en mi destino de quedarme en el colegio», dice al recordar a sus estudiantes de la promoción 33, quienes lo inspiraron a continuar enseñando. 

En una dinámica de preguntas rápidas, no duda en señalar a Rómulo Betancourt como el mejor presidente del país, mientras que califica a Nicolás Maduro como el peor. También asegura que Simón Bolívar está sobrevalorado, argumentando que «el culto a Bolívar ha llevado a una sobrevaloración de su figura». En contraste, menciona a Raúl León como un personaje históricamente infravalorado. 

Destaca la fecha del 5 de julio de 1811 como el día más importante para Venezuela y considera a Manuel Caballero el historiador más completo que ha tenido el país. 

Pero no todo es política y academia para Piñero. Durante nuestra conversación, confiesa que el deterioro del país le ha hecho reconsiderar su decisión de quedarse en Venezuela. «En 2021, dije que no me quería ir, pero tras los eventos recientes, he considerado salir del país», admite. La inseguridad y la falta de garantías para ejercer libremente como historiador y docente han comenzado a pesar en sus decisiones. 

Cuando la entrevista llega a su fin, Jesús comenta que está en mente un nuevo proyecto en el que está trabajando: una biografía sobre un personaje que no llegó a ser presidente. Su pasión por rescatar historias olvidadas y darles vida es evidente. Al despedirnos, la lluvia comienza a caer, y Jesús, con una sonrisa, firma un ejemplar de su libro Venezuela: Documentos para su estudio 1498-1999 . «La historia no solo se escribe, también se vive», me dice antes de irse, una frase que encapsula perfectamente su esencia. 

Jesús Piñero no solo es un historiador y docente, es un puente entre el pasado y el presente, un ejemplo vivo de que las barreras pueden ser superadas cuando se tiene pasión, resiliencia y el deseo de transformar vidas, un personaje lleno de matices. Escucharlo hablar es como abrir un libro lleno de historias, opiniones y reflexiones profundas. Su compromiso con la educación y su amor por la historia lo convierten en una figura inspiradora, especialmente en un país donde la esperanza a menudo parece escasa. 

Su relato no sólo revela al historiador, sino también al ser humano detrás de los logros: un hombre que, desde el corazón de Petare, ha demostrado que los sueños no tienen límites.

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