Entrevista imaginaria
El mito del Buen Revolucionario: la voz crítica de Carlos Rangel

Carlos Rangel se sumerge en el análisis de la política venezolana, destacando el impacto de la izquierda y del adoctrinamiento ideológico en Venezuela. El intelectual sostiene que la falta de una verdadera economía de mercado ha perpetuado la dependencia del Estado, y enfatiza la urgencia de un cambio que impulse la libertad económica como motor de desarrollo
En una fresca mañana, Carlos Rangel llegó al estudio de “El Canal de la Colina” con una hora y media de anticipación a su programa habitual. El sol apenas comenzaba a asomarse y los pájaros cantaban suavemente en el aire, creando un ambiente tranquilo. A pesar de que Sofía Ímber, su habitual compañera en el programa “Buenos días”, decidió no asistir al canal debido a sus diferencias con el candidato outsider a la presidencia de la República invitado al programa del día de la pareja, la expectativa en el aire es palpable para la habitual entrevista programada a las siete de la mañana.
Antes de maquillarse para su respectivo programa, Carlos Rangel, figura clave en el pensamiento liberal del país, se prepara para dialogar sobre el socialismo, el liberalismo y el futuro incierto de Venezuela. Con su característica voz suave y mirada incisiva, se acomoda en su silla, irradiando serenidad y determinación, rasgos que han caracterizado su obra en los medios de comunicación.
—Sr. Rangel, quisiera preguntarle: ¿por qué ese rechazo tan visceral al socialismo? ¿Qué lo llevó a desarrollar esta postura?
(R) [Ajustándose la corbata mientras habla con voz suave pero firme]
Durante mis estudios en Bard College y La Sorbona, tuve la oportunidad de explorar las teorías de pensadores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, entre otros.
Permítame ilustrar su pregunta con un ejemplo utilizando los autores mencionados. Mises, en su obra Socialismo, señala que la planificación económica centralizada es inherentemente ineficiente, y Hayek, en El camino de la servidumbre, advierte que cualquier intervención estatal en la economía conduce a la pérdida de libertades individuales. Estas ideas resonaron en un muchacho que apenas salía de su país natal y lo hicieron cuestionar la narrativa de victimista que ha prevalecido en América hispana.
No puedo negar que el entorno en el que me formé ha influido en mi pensamiento. La experiencia adquirida en ciudades como Nueva York y París, así como mi labor como diplomático en Bruselas, me brindaron la oportunidad de contrastar sociedades libres con aquellas sometidas al colectivismo. Por ende, uno sabe perfectamente cómo el socialismo en América Latina se ha convertido en una excusa para justificar el fracaso y perpetuar ese fenómeno tan característico de nuestra región como lo es el caudillismo.
— Han pasado varios años desde la publicación de “Del buen salvaje al buen revolucionario”. En este tiempo, ¿ha notado cambios en el panorama político venezolano?
(R) Realmente, no. Es una realidad que el proyecto marxista en Latinoamérica ha obstaculizado la modernización a través de la libertad.
El tercermundismo y el victimismo siguen dominando en América Latina, y ahora vemos más claramente sus consecuencias prácticas. Venezuela se erige como un ejemplo claro de esta realidad: atrapada en la retórica del Estado paternalista. Como he comentado en diversos programas de opinión, los políticos continúan promoviendo un Estado benefactor.
Es como el socialista que convence a alguien de que puede volar: tras cada fracaso, siempre hay una nueva explicación, pero nunca se cuestiona el principio fundamental.
El problema fundamental es que el socialismo latinoamericano se basa en mitos; el mito del buen revolucionario, el mito del imperialismo como única causa de nuestros males, el mito de que mayor intervención estatal traerá prosperidad. Estos mitos han justificado políticas que, lejos de liberar a nuestros pueblos, los han mantenido en el subdesarrollo.
—Me llama la atención su postura de que en Venezuela nadie parece dispuesto a renunciar a la etiqueta de ser izquierdista. ¿Cuál es su opinión sobre esta situación?
(R) Históricamente, Venezuela nunca ha tenido una verdadera economía de mercado.
Ni durante la colonia, ni en el siglo XIX, ni durante la hegemonía andina, ni en los años posteriores a 1945. Lo que ha existido es un capitalismo de Estado que perpetúa la dependencia del poder político. Esto ha dejado al venezolano promedio sin experiencia en una economía de mercado y sin visualizar los beneficios del liberalismo.
El adoctrinamiento ideológico también ha jugado un papel crucial. Muchos venezolanos adoptan el socialismo no por convicción genuina, sino por la influencia cultural y política. Evidentemente, esta situación ha perpetuado en el imaginario colectivo venezolano, violentada ideológicamente por la partidocracia dominante.
Lo que se necesita en el país es un movimiento liberal adaptado a nuestra realidad, que ofrezca alternativas viables al status quo.
— Carlos, ahora le pido que me responda en menos de tres palabras lo que usted cree que representan cada uno de estos países.
(R) Estoy listo, cuando usted me indique.
• ¿México?
Estabilidad política.
• ¿Argentina?
Potencial desperdiciado.
• ¿Chile?
Salvados del socialismo.
• ¿Nicaragua?
Radicalismo perjudicial.
• ¿Estados Unidos?
Culpabilidad injustificada.
• ¿Perú?
Desigualdad histórica persistente.
• ¿Brasil?
Crecimiento económico militar.
• ¿Cuba?
Revolución fracasada.
• ¿Venezuela?
Estatismo petrodependiente.
—Supongamos que un nuevo líder caudillista y socialista asume el poder y gestiona los recursos como lo hicieron los partidos tradicionales, estableciendo lazos con Cuba, Nicaragua y el proyecto marxista. ¿Cuáles serían las consecuencias para Venezuela y la región?
(R) Me complace abordar su pregunta con la seriedad que merece. El caso de Cuba es particularmente ilustrativo de cómo el marxismo ha llevado al estancamiento económico y la represión política. Lo que vemos en Nicaragua sigue un patrón similar: el sandinismo ha demostrado ser otra variante del caudillismo revolucionario que tanto daño ha causado a nuestra región.
En cuanto a Venezuela, permítame ser claro: la hipertrofia estatal es precisamente lo que nos ha impedido desarrollar una verdadera economía de mercado. Como le he señalado anteriormente, es falso que en Venezuela haya fracasado la economía de mercado: lo que ha fracasado es un sistema precapitalista heredado desde la colonia, antagonista a la libre empresa.
Si Venezuela continúa por el camino del estatismo y establece alianzas con regímenes marxistas, las consecuencias serían devastadoras. No se trata de una simple predicción, ya hemos visto este patrón repetirse. El Estado crecería aún más, asfixiando la iniciativa privada. Los recursos petroleros, en lugar de impulsar el desarrollo, alimentarían un sistema clientelar y corrupto. La dependencia de Cuba y otros regímenes similares solo profundizaría nuestro atraso.
La única salida viable es el camino de la libertad económica y política, con un Estado limitado que garantice el imperio de la ley. Cualquier otra alternativa solo prolongará nuestra tradición de caudillismo y estatismo.
Con estas palabras, Rangel se despide, dejando abierta la invitación a continuar el debate sobre el rumbo que debe tomar Venezuela. Mientras se prepara para el siguiente programa con un invitado polémico, el estudio se llena de una calma reflexiva, preludio del intenso diálogo que está por venir.